Orwell y los cuerpos mutilados de la niñas

29 01 2014

Hay órganos del cuerpo de la mujer que en nuestra sociedad no existen durante la infancia. Desde que nacemos, nuestros padres nombran nuestra nariz, corazón, brazos, estómago, ombligo, culo y, con menos frecuencia, también nuestra vulva, pero en pocas familias se hace lo mismo con el clítoris, los labios, la uretra, la vagina, el útero o los ovarios. Las mujeres cercanas tampoco nos han mostrado esas partes del cuerpo ni nos han animado a conocerlas ni a valorarlas. Durante la infancia son órganos que simplemente no existen.

Resulta bastante extraño, porque las niñas pequeñas sienten plenamente estos órganos ya que cuando nacen no hay ninguna barrera cultural que obstruya su comunicación con todas las partes de su cuerpo. Sienten el cosquilleo que se despierta en su clítoris, labios y entrada de la vagina cuando se limpian la vulva en la ducha, cuando suben a una bici, cuando se friegan en un cojín o cuando se acarician esa zona. Sienten como el útero les palpita con placer cuando trepan por cuerdas, árboles y porterías, cuando hacen abdominales en clase de educación física, cuando bailan o balancean la pelvis.

Pero esta conexión se va taponando con las miradas de desaprobación de los adultos y con modelos maternos que obvian estas partes del cuerpo y las sensaciones que emanan de ellas. Y los órganos sexuales van desapareciendo en el silencio hasta que se diluyen en palabras generales como vulva (para los órganos sexuales externos) o barriga (para los órganos sexuales internos), en el mejor estilo de la neolengua de Orwell: lo que no forma parte de la lengua no puede ser pensado ni sentido, simplemente deja de existir.

En algún momento de la infancia o en plena pubertad oiremos nombrarlas por primera vez. Tal vez nos den una clase magistral de biología bien alejada de nuestra realidad sobre los órganos que tienen que ver con la reproducción. Tal vez escuchemos algún otro órgano en boca de un compañero o compañera que bromea con palabras prohibidas sin saber qué significan exactamente.

Y a partir de esta pobre primera vez, empezaremos a rehacer el mapa de nuestro cuerpo, sin poder llegar a recuperar nunca esos años de silencio y quedando marcadas para siempre en la relación que mantenemos con nuestros órganos sexuales. Por eso tantas mujeres modernas aun no sabemos casi nada sobre algunos de los principales órganos sexuales y sus fluidos (como el útero y la menstruación, el cuello del útero y el flujo vaginal o la glándula de Skenne y la eyaculación femenina) y seguimos sufriendo un bloqueo con nuestro potencial intuitivo, de sentir placer y de volar a otros estados de conciencia, que nos mantiene sumidas en el desconocimiento, el miedo y el enojo con partes esenciales de nosotras mismas.

Autora Anna Salvia Ribera

Artículo publicado en el semanario La Directa

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